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sábado, 8 de agosto de 2026

LOS ERRORES QUE COMETEMOS CON LOS COMESTICOS "LA DURACIÓN DE LA CREMA SOLAR ES DE NUEVES MESE, NO DOCE".

Un cosmético que ha estado abierto durante meses puede ver alterada su fórmula, lo que multiplica el riesgo de infecciones y reduce su eficacia.

T arde o temprano, todos los cosméticos caducan y, en muchos casos, esto puede ocurrir antes de que lleguemos a acabarlos. Ya sea porque el envase contiene una cantidad que no llegamos a utilizar en el tiempo previsto —algo que sucede frecuentemente con las cremas solares entre verano y verano— o porque se trata de productos que utilizamos solo en ocasiones puntuales, como algunos tipos de maquillaje.

Pero utilizar un producto que ya lleva tiempo abierto puede suponer riesgos para la salud incluso aunque en apariencia sus características no se vean alteradas. Sobre todo, cuando hablamos de aquellas cosas que se aplican en la zona de los ojos. «Algo que solemos tardar demasiado en cambiar son las máscaras de pestañas. Deberíamos tener especial cuidado con ellas, teniendo en cuenta dónde las aplicamos. Porque si hay algún tipo de contaminación microbiológica tan cerca del ojo, se puede presentar un problema», señala en este sentido Blanca González, vocal de Dermofarmacia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña (COFC).

Qué es el PAO

La información oficial sobre cuándo se debería cambiar un producto se puede obtener de dos maneras: mirando su fecha de caducidad o bien, mirando el PAO. Esta sigla en inglés significa Period After Opening (período tras la apertura) y se refiere al tiempo que se considera seguro y efectivo un cosmético a partir del momento en el que lo abrimos y utilizamos por primera vez. Aparece en el envase del producto con un símbolo en forma de tarro de crema abierto que indica en su interior un número y la letra M. Este número expresa la cantidad de meses que se puede seguir utilizando el producto después del primer uso.

La diferencia, explica González, radica en que «la fecha de la caducidad es sin tener en cuenta si se ha abierto o no el cosmético, es decir la estabilidad de ese producto aunque esté cerrado, mientras que el PAO tiene en cuenta lo que ocurre una vez que lo has abierto». Esta distinción importa y mucho, porque al abrir el producto empieza su intercambio con la atmósfera, lo que puede ocasionar que se oxide o permitir la penetración de bacterias o contaminantes en la fórmula, desestabilizándola.

El PAO es una medida clave para el consumidor, ya que se obtiene en base a estudios realizados sobre cada cosmético específico, de modo que es una estimación precisa de cuánto tiempo puede mantener sus características y su eficacia una fórmula. Por esta razón, González aconseja prestar especial atención a este número cuando se trata de productos que tienen una función preventiva a nivel médico, como es el caso de los fotoprotectores.

Para saber cuánto tiempo ha pasado desde que se abrió el producto, podemos apuntar con un rotulador en el envase la fecha de apertura. De todos modos, la experta aclara que «en general, de un año para otro es mejor que el fotoprotector no lo utilices. Su duración suele ser de nueve meses, no doce».

La mayor parte de los productos de belleza incluyen en su envase el PAO. Pero para una máxima precaución, la farmacéutica aconseja limitar incluso más el uso de ciertos elementos de la rutina de maquillaje. «Las máscaras de pestañas son el caso más típico. Las hay con un tipo de conservantes o con otro, según sean para un ojo más sensible o menos. Incluso, muchas veces el propio envase aumenta la estabilidad del producto. Pero normalmente, más de seis meses no debería permanecer abierta», indica.

«Hay que tener en cuenta que muchas veces hacemos un mal uso, al meter y sacar el gupillón muchas veces, lo que introduce más aire en el envase y esto puede alterar su estabilidad», advierte. Además, la contaminación microbiológica puede ser especialmente peligrosa en productos que se aplican sobre los ojos, que son órganos sensibles a infecciones. Lo mejor es hacer limpiezas periódicas de los productos que estén abiertos, «sobre todo, si una persona no se maquilla de forma tan habitual, seguramente tenga una máscara de pestañas guardada desde hace mucho tiempo».

Cómo mejorar la conservación

Aunque los estudios de estabilidad de los productos tienen en cuenta el uso habitual que se les da, en muchos casos podemos alterar las condiciones óptimas para su preservación. «Normalmente, se entiende que vas a almacenar un cosmético a una temperatura inferior a 30 grados. Pero muchas veces los llevamos en el coche y los dejamos allí. Y el coche alcanza unas temperaturas mucho más elevadas en verano», explica González.

Otra práctica típica es la de guardar ciertos productos como cremas en la nevera. Esto no solo no es necesario, sino que puede ser perjudicial a la hora de prolongar la longevidad de una fórmula cosmética. «Puede hacer que cristalice la fase oleosa. Puede que después abras una crema y veas que se han separado sus fases o que tiene una base de aceite que está rancio. Ante cualquiera de estos signos visuales u olfativos, lo mejor es desecharlo», apunta la experta del COFC.

En redes sociales, se popularizan frecuentemente trucos para seguir utilizando productos cuando su fórmula se ha alterado: desde añadirles agua si se han secado hasta meterlos en el microondas. «Esto, por supuesto, no se debe hacer en ningún caso. A veces, la gente lo hace cuando le queda poquito, por ejemplo, con un gel limpiador para la cara, porque parece que así aprovechamos más. Pero estamos aumentando la posibilidad de que haya una contaminación microbiológica», señala González.

Igualmente, podemos evitar la contaminación de nuestros productos lavándonos las manos antes de utilizarlos y aplicándolos sobre la piel limpia. «Las herramientas con las que aplicamos productos como los maquillajes, que son esponjas y brochas, deben estar también limpias», concluye la experta.

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